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Siembra del azafrán

Los de ciudad creemos que todo el mundo sumergido en el campo es simple, sembrar y regar y cosechar. Hala, ya está, este es un trabajo para ignorantes. Nada más lejos de la realidad.
Juan y su mujer se conocen la matemática perfecta de los surcos que aran.

Saben donde sembraron cabezas de azafrán hace un año, y hace dos años, y cinco años y saben cuando deben levantar la tierra para descubrir que cada cabeza se ha multiplicado por siete, por doce, por catorce, diferenciándolas de los cebollinos falsos o bordells, "eso que ponen de adornos en los platos ahora par decorarlos", explica Juan.

Luego deben volver a sembrarlas, una por una. No saben cuánto van a cultivar, ya se sabe, con lo del campo, hasta que no está en el saco… "Hay muchas cabezas tocadas; el otoño pasado fue muy lluvioso y muchas cabezas se han malogrado con un hongo". De todos modos, asegura Juan optimista, mi finca tiene 50.000 m2 y hasta que no salgan 25 kilos de azafrán no vamos a parar.

El kilo de azafrán se vende ahora en el mercado a unos miles de euros. Especias Crespí le ha pedido a Juan que les cultive el preciado polen amarillo dorado. Juan y su mujer esperan recolectar suficientes estigmas en noviembre como para sacar 250 gramos del preciado polvillo.

Juan levanta las cabezas de azafrán después de cinco años.
Por cada cabeza sembrada se recogen hasta catorce cabezas nuevas.
El paso siguiente es eliminar la cáscara.
Y sembrarlas, una por una, para que florezcan este mes de noviembre.

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